viernes, 30 de abril de 2010

Los Martires de Chicago

"...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos... abajo la concurrencia sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... plegaria es el rostro de Spies, firmeza el de Fischer, orgullo el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita que la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora... los encapuchan, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos cuelgan y se balancean en una danza espantable..."

José Marti (Corresponsal en Chicago de "La Nación" de Buenos Aires)

martes, 20 de abril de 2010

La ley de amnistía de 1977:Un amargo fruto, producto del “consenso” con los franquistas durante la transición lampedusiana(*)

Sil del Rio, Agrupación Republicana de Coslada-Lunes, 19 de Abril de 2010

El procesamiento al juez Garzón por su decisión de investigar las crímenes bajo la dictadura franquista, dando así la razón a las acusaciones de “prevaricación” presentadas por los herederos falangistas y los fascistas de manos “limpias”, ha traído a la palestra, el debate sobre la “transición política” y , más concretamente, la significación de la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977.Un repaso de la misma y del contexto en el que se aprobó viene a recordarnos de nuevo el carácter fraudulento y lampedusiano* del “cambio” producto de una “reconciliación nacional” entre Carrillistas y fascistas reciclados a “demócratas de ultima hora”, que equiparó a víctimas y verdugos del franquismo.

Esa Ley vino a consagrar en realidad el primer “consenso” de la transición, el del olvido y el perdón sobre el pasado de forma, además, completamente contraria a los intereses del pueblo e injusta para los miles personas asesinadas y represaliadas por el franquismo: así, si bien por un lado gracias al artículo 1 a) quedaban amnistiados “todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, implicados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día 15 de diciembre de 1976” (fecha del referéndum sobre la Ley de Reforma Política de Suárez, entronizada así como el punto de partida del “cambio” de régimen), en el artículo 2 e) se consideraba comprendidos en la amnistía “los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes de orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley” y en el 2 f) “los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas”. Se consagró de esta forma la eterna impunidad total de la dictadura y de sus crímenes a cambio de una amnistía parcial para quienes habían luchado contra el franquismo en los últimos años de la dictadura, pero sin mencionar para nada a los asesinados por Franco por luchar por la democracia(Cristino García, Grimau ,Cipriano Martos, José Humberto Baena, Ramón García Sanz, Sánchez Bravo y muchos otos miles condenados en juicios falsas que fueron simplemente olvidados y en algunos casos vilmente vilipendiados por Santiago Carrillo y cia. haciendo coro con el franquismo)

Porque es cierto que se consiguió que pudieran salir de la cárcel un buen número de presos y presas antes de la fecha mencionada (pero ya no quienes los hubieran hecho entre la misma y el 15 de junio de 1977), que volvieran otras exiliadas o deportadas a terceros países y que se adoptara una amnistía laboral. Pero ni siquiera se logró la amnistía para los militares republicanos, los de la UMD y de las organizaciones antifranquistas de soldados que se habían extendido en los últimos años y tampoco se incluyó a las personas condenadas por adulterio, aborto, uso de anticonceptivos y homosexualidad. Han hecho falta más de 30 años, por cierto, para que se cerrara esa lista.

Fue, por tanto, una Ley de “punto final”, de olvido y perdón completamente injusta, ya que, equiparando a vencedores y vencidos de la guerra civil y a franquistas y antifranquistas, permitió la supervivencia de un aparato represivo que se ha ido reproduciendo hasta nuestros días y continúa especialmente presente en el poder judicial, como estamos comprobando y han corroborado buenos conocedores del medio, entre ellos Carlos Jiménez Villarejo. Trabajos recientes como los de Alfredo Grimaldos y Mariano Sánchez Soler han venido a rememorar también que los meses y años posteriores a esa Ley fueron todo menos “pacíficos” con centenares de muertos en las calles,cuando luchaban por sacar de las cárceles a centenares de antifascistas presos .

Según recuerdan algunos historiadores posteriormente, ese pacto chanchullo entre carrillistas y franquistas “evolucionados” había sido ya diseñado desde una reunión el 11 de enero de 1977 entre los principales representantes de la “oposición democrática antifranquista” (léase Carrillo F. Gonzales etc.) y el propio Suárez. Antes, pues, de someter a prueba hasta qué punto se podía modificar la relación de fuerzas en unos meses que fueron decisivos, Los Carrillistas estaban desbocados a ponerse en manos de la Oligarquía franquista y mostraban ya su disposición a hacer tabla rasa del pasado y a renunciar a reivindicar justicia por los crímenes de la guerra civil y la dictadura. Y, en efecto, pese a que los resultados de las elecciones de junio de 1977 fueron más lejos de las previsiones de los reformistas franquistas, y salvo excepciones en el Congreso y en el Senado, todos los demás grupos mostraron su voluntad de alcanzar una “amnistía de todos y para todos”. En la proposición del grupo del PCE, por ejemplo, se postulaba la necesidad de “superar definitivamente la división de los ciudadanos españoles en vencedores y vencidos de la guerra civil”. Los nacionalistas del PNV y los pujolistas catalanes pidieron afrontar la nueva etapa “con olvido y superación de todo agravio pretérito”, fórmula recogida por el PSOE. Sólo el grupo de Alianza Popular mostraría reticencias que se irían suavizando hasta llevarle a no votar en contra de la Ley. Durante ese debate el PCE mostró, además, su protagonismo reivindicando su política de “reconciliación nacional” adoptada en 1956 y apostando abiertamente por el olvido y el perdón, llegando el entonces Secretario General de ese partido, Santiago Carrillo, a declarar en un mitin: “Queremos hacer cruz y raya sobre la guerra civil de una vez para siempre” (El País, 2/10/1977).

Esta claudicación del PCE durante la “transición” y antes ha dejado por desgracia para el movimiento obrero y popular una pesada losa sobre sus hombros de manera que muchos honrados militantes obreros no entienden donde están los principios y donde están los elementos negociables.Se claudicó de todo: se claudico de la República y de sus símbolos, se claudicó de la lucha sindical y sobre todo sw claudico de revindicar la lucha de todos los antifascistas asesinados por el franquismo .Un crimen más de Carrillo y sus adatares, a el que de todo le importa un bledo y el que dice que la izquierda está hecha una braga (según sus propias declaraciones este mes de Abril). A que grado de degeneración y cinismo ha llegado este individuo, para decir que la consigna “España mañana será republicana”,es correcta ,pero que sea para mañana.¿ Pretende esta momia viviente prestar sus últimos servicios a la monarquía continuista del franquismo?.Poco da de si la cosa a estas alturas. Sr. Carrillo usted pasará a la historia como uno de los mayores traidores a la causa del comunismo y los intereses del pueblo español. Ya nos ha dicho, que eso le importa un bledo, pero por decir que no quede, digo yo tambien.

En resumen, la Ley de Amnistía fue uno de los frutos más amargos de la transición –y de la política de “reconciliación nacional”— que, como hemos visto, sigue gozando de buena salud y todavía se utiliza para impedir que crímenes de lesa humanidad imprescriptibles puedan juzgarse hoy.

A pesar de todo lo ocurrido, la lucha republicana y antifascista arrecia y se fortalece. Se desarrolla la unidad entre los grupos republicanos tanto ideológicamente como orgánicamente. Afortunadamente para la causa popular, en el seno del propio PCE muchos antiguos, pero sobre todo jóvenes han vuelto a levantar la bandera de la lucha republicana arriada por Carrillo, lo cual es también un gran motivo de esperanza para los pueblos de España. Una muestra palpable de esto es el comunicado conjunto para este 14/04/2010 Abril de dos organizaciones republicanas de ámbito estatal La Plataforma de Ciudadanos por la República y La Unidad Cívica por la República.

¡Respondamos a las agresiones del Fascismo!

¡Movilicémonos contra el proceso a Garzón!

(*)Lampedusiana . Hace referencia a la novela El Gatopardo del escritor italiano G. T. Lampedusa. En dicha novela se narra los retoque de fabada que dieron al sistema feudal en esa zona de Italia los nobles terratenientes, para no cambiar nada esencial en el sistema de dominación de clase.

Fuente: Agrupación Republicana de Coslada

Noticia relacionada: La ONU amonestó tres veces a España por la Ley de Amnistía

Cayo Lara en su laberinto (IU y debate sobre la impunidad de los crímenes franquistas), por Floren Dimas (Investigador)


El martes 13 de abril, Cayo Lara compareció en la Universidad Complutense de Madrid, junto con los líderes de UGT y CC.OO., ante miles de estudiantes y seguidores de la causa representada por el juez Garzón en el sumario por los crímenes franquistas. Pretendía escenificar su apoyo y el de IU al magistrado, en la causa que se le sigue en el Tribunal Supremo, por parte de miembros de la judicatura caracterizados por sus simpatías ultraconservadoras.

El sumario promovido por Garzón, que ha promovido la reacción furibunda de este reducto togado de inconfesables franquistas, estaba sustentado en la calificación penal, retroactiva e imprescriptible de “crímenes contra la humanidad”, como los cometidos por el franquismo, hecho que constituyó la médula argumental de los discursos que se escucharon en la universidad madrileña. Con su presencia, Cayo Lara pretendía escenificar su adhesión al clamor levantado en contra de la impunidad, que se ha querido blindar desde la ley de Amnistía de1977, hasta nuestros días.

Pues bien, el pasado sábado día diez de abril, el coordinador general de IU, decía esto en un artículo difundido por el diario “Público” y por la propia web de Izquierda Unida:

“…No se trata hoy de encausar y encarcelar a los autores intelectuales del levantamiento militar ni a quienes lo apoyaron con armas y capitales. Tampoco a quienes juzgaron, encarcelaron y asesinaron a miles de personas. Lejos de mi intención cargar las tintas democráticas contra los ejecutores materiales, ya que muchos actuaron por obediencia debida o, por mejor decir, “por temor impuesto…”

Es decir, todo lo contrario de lo que se reivindicaba en el acto de la Universidad Complutense.

El artículo completo aparece en este enlace (cortar y pegar):

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1868/cautivos-en-la-espana-democratica/

La gravedad de esta tremenda contradicción es tal calibre y trascendencia, que obliga a plantearse la coherencia de intenciones del responsable estatal de IU, una organización que se ha venido postulando, desde que se alumbró el debate de la Ley de la Memoria Histórica (LMH), como paladín de las reivindicaciones del movimiento memorialista, (pese a que finalmente claudicara a la exigencia de la nulidad de las sentencias represivas de la dictadura en la Ley de la Memoria Histórica) resultando improrrogable a partir de ahora, la apertura de un debate interno entre la bases, para clarificar las razones por las que Cayo Lara mantiene este doble discurso: el que le llevó a la Universidad Complutense de apoyo a Garzón, o el que justifica la impunidad de los crímenes franquistas, apoyándose en la Constitución y en el más deleznable de todos los argumentos: la “obediencia debida”, una fórmula jurídico-militar acuñada por la dictadura argentina, para ponerse a salvo de las responsabilidades penales, ley anulada recientemente en la Argentina para procesar y condenar a Videla y otros responsables.

El artículo publicado no goza del beneficio de la indulgencia, puesto que no es un extracto de una entrevista, en donde a veces se cometen grandes meteduras de pata, fruto de la improvisación, si no que estamos ante un artículo escrito, meditado y medido cuidadosamente en su fondo y en su forma, con el que proyecta a los lectores, no solo su pensamiento personal, si no el enunciado programático de su formación ante un hecho de tanta repercusión, que alcanza los principios morales del Estado, y la posición colectiva de sus representados ante el “caso Garzón”.

Habremos de esperar a que los militantes de Izquierda Unida, aclaren la salida a este laberinto, para que conozcamos cual la auténtica posición de IU: o bien apoya la coartada de la “obediencia debida” a que alude inequívocamente Cayo Lara, o si por el contrario, apoya el final de la “cuestión de la impunidad en España y los crímenes franquistas” a que se refiere el documento del Equipo Nizkor y por la que clama la inmensa mayoría del movimiento memorialista español.

14 de Abril de 2010

Día de la República

Garzón como pretexto, por María Toledano

Quantcast
Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien” (Víctor Hugo)

Cautivos y derrotados. ¿Cuántas veces? ¿Cuántas veces quieren que traguemos su aceite de ricino? No hablemos del famoso juez Garzón. Poco importa su persona o actividad judicial. No se trata de la defensa del magistrado: cada cual tiene su opinión al respecto. Reservo la mía para otros tiempos, quizá menos agitados por la barbarie. La memoria histórica, es decir, la reivindicación de un pasado de miseria y asesinato (los cimientos de la actual democracia), está en juego. Cabalgan de nuevo y sus botas acharoladas resuenan por los prados y desmontes. Ganaron la contienda y ellos, vencedores, tampoco quieren que se olvide. La izquierda real (¿acaso existe tal cosa?) insiste en la defensa de la verdad frente al silencio gris de la Transición: frente a tantas lecturas hijas de Prego y Salamina. Todos culpables, todos inocentes. Como el ser de Aristóteles, la guerra de España se dice de muchas formas. Casi todas, salvo las inspiradas en la Causa General, hablan de lucha de clases, pobres contra ricos, milicianos contra un ejército regular, buenas botas y alimentos, apoyado por Alemania e Italia. Estuvieron en Gernika probando aviones y corrieron, asustados, con los penachos en la mano, por los secarrales de Guadalajara. Eran muchos y organizados. Y contaban con la ayuda de su Dios todopoderoso (los curas disparaban desde la ventanas de los seminarios). Ganaron. No podían perder. Las democracias europeas cerraron los ojos. Es su costumbre. No quisieron ver en Franco -como si vio el doctor Negrín, primavera del 1939- un antecedente de la guerra mundial. A partir de ahí se estableció un régimen de terror conocido que finalizó con la muerte natural del Caudillo de las Españas todas. Muerto el dictador, apoyado por EE.UU., las cortes de inmolaron -un falso sacrificio ritual- dejando paso a un “atado y bien atado” que nos gusta llamar democracia: estado social y democrático de derecho. Palabras.

Primero UCD, Suárez, que bastante hizo con contener las hordas; luego González, ausente de los temas cruciales, empeñado en la reconversión industrial y en la incorporación de España a las instituciones europeas. Era su salvoconducto hacia la gloria: conseguida. Más tarde, Aznar: pequeño oficial victorioso. Cacique local con aspiraciones de atleta, intentó cerrar el debate sobre el franquismo: fracaso. Zapatero, fiel a sus principios, legisló el problema, Ley de Memoria Histórica, criticada por la mayoría de las asociaciones, de forma que todo quedara más o menos igual: Lampedusa provincial. Garzón, el juez del helicóptero, quita el polvo al Código Penal y cita a los responsables (la mayoría muertos) del genocidio español (expresión de Paul Preston). Enterrados bajos elegantes lápidas de mármol pero atentos a la actualidad, las cornetas resuenan. En la superficie, grupos parafascistas, magistrados, jueces, periodistas, voceros del mal alzan su cáliz de sangre y agitan sus huestes. El resultado es conocido: Garzón procesado. Es necesario dar un escarmiento. ¿Todavía no sabe esta gentuza que ganamos la guerra? La cruzada acabó con los rojos y, transcurridos más de 70 años, los nietos, amparados en una democracia de superficie, inmersos en la dinámica estructural del Capitalismo 3.0, quieren ahora, a estas alturas, condenarnos. Es lo que tiene la democracia, su fuerza simbólica. Los pobres se creen con derechos: se creen ciudadanos. Pongamos de nuevo las cosas en su sitio: demos un golpe de mano. Garzón al banquillo: Garzón como excusa.

Las democracias débiles, inseguras e inestables, edificadas sobre los escombros (y vigas) de una dictadura militar de inspiración nacional-católica, son así. Hilvanadas con urgencia, las costuras saltan al mínimo esfuerzo. España está remendada con hilos de sangre que dejan traslucir las heridas abiertas (profundas como surcos en la tierra, en las manos) en cuanto se cuestiona cualquier poder, pasado o presente. Pasamos del arado y el turismo de las suecas al centro comercial sin cuestionarnos qué (nos) estábamos dejando en el camino. La paz social y el consumo eran objetivos prioritarios. Las “leyes de punto final”, extendidas por el universo, España como modelo, pretenden acallar el clamor popular con indulgencias plenarias y miradas de soslayo. Dejemos escapar a Sánchez Mazas. No disparemos al enemigo. Al fin y al cabo, es un hombre. Barros y lodos. No recuerdo que ellos, cada vez que tuvieron oportunidad, hicieran lo mismo. La izquierda moral, ligeramente exquisita, confunde “reconciliación nacional” con silencio cómplice. Zapatero es su adalid, su paje. Otra conclusión: ya que no se puede meter a todos los rojos denunciantes en la cárcel, ya que no se puede fusilar dos veces a las mismas personas y sus familias, acusemos a Garzón de prevaricación. Dicen que cuestionando la Transición (y sus interesados olvidos) se pone el peligro el espíritu que inspiró el paso del franquismo a la democracia monárquica. ¿Espíritu? Confunden, creando un caos semántico, “consenso popular” (proceso constituyente) con “consenso cupular” (proceso político). Entre todos haremos de Garzón un mártir de la democracia. Quede fijada mi opinión al respecto: parece que tanto al PP (tradicional) como al PSOE (renovado) les molesta la figura del juez. Recordemos que pasó de fustigador a diputado de González; de aburrido parlamentario (plato de lentejas) a buscar la “x”, de nuevo como juez, del GAL; de la persecución del narcotráfico a la corrupción política y la lucha contra ETA. Por lo que se ve, los partidos políticos no van a interceder (podrían, por supuesto, sin vulnerar el principio de separación de poderes) en el proceso. Estos días, todos somos argentinos en el exilio.

Se ha publica este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manifestacion unitaria en defensa de Cuba y su Revolución

47 adniversario del martirio y asesinato de Julian Grimau

Camarada Julian Grimau, tu ejemplo nos marca el camino, siempre te recordaremos

miércoles, 14 de abril de 2010

jueves, 8 de abril de 2010