miércoles, 14 de julio de 2010

No le digas a mi madre que soy sindicalista, por I. Rosa


“La paciencia de los ciudadanos hacia los abusos sindicales ha terminado para siempre. Hay un antes y un después del régimen sindical.” -David Pérez, portavoz del PP en la Asamblea de Madrid-

Hay que reescribir el viejo chiste de “no le digas a mi madre que soy periodista; ella piensa que trabajo de pianista en un burdel”. Hoy sería más exacto si dijéramos: “No le digas a mi madre que soy sindicalista…” Si eres dirigente sindical, liberado, delegado o simplemente militante, mejor que no se entere tu madre, ni tus vecinos, no sea que te retiren el saludo o algo peor. Y es que la campaña antisindical, que ya viene de lejos, se ha vuelto increíblemente virulenta en las últimas semanas.

No hay más que leer las portadas, editoriales y columnas de la mayoritaria prensa de derecha estos días, que dispara con cañón aprovechando la huelga del Metro. Y otro tanto en las tertulias radiofónicas y televisivas, aparte de por supuesto el gobierno regional madrileño. Mafia, matones, chantajistas, cortijo, aristocracia, burócratas o parásitos son algunos de los motes cariñosos aplicados a los sindicatos, y no sólo a los del Metro. El diario La Razón ponía el jueves la guinda, titulando en portada: “Kale borroka sindical”. Ahí está, sin complejos, que les apliquen ley antiterrorista.

Como digo, la campaña viene de lejos. Pero según se calienta el clima social, se recrudecen los ataques, que ya no pararán hasta la huelga general de septiembre. El relato resultante es terrorífico: los sindicalistas son unos jetas, chupones, viven del cuento, se lo montan con el gobierno y se ríen de sus propios afiliados, sólo buscan conservar sus privilegios… Entre ellos, lo peor de lo peor, los liberados, sobre cuya vida regalada se ha fabulado todo lo posible y más.

Quienes siguen esta columna saben que no soy precisamente complaciente con los mayoritarios UGT y CCOO, y he discrepado varias veces de su estrategia durante la crisis. También sé que hay otras organizaciones que pelean en la sombra. Pero me da miedo la actual guerra sucia contra los sindicatos, que en el fondo lo es contra los trabajadores y su capacidad de lucha. Y si la alternativa es, como desean algunos, el combate cuerpo a cuerpo entre el currante y su patrón, virgencita que me quede como estoy.

miércoles, 7 de julio de 2010

Apoyamos la huelga de Metro, incluso sin servicios mínimos


Somos ciudadanos y ciudadanas afectados por la huelga del Metro, pero apoyamos a los trabajadores del suburbano madrileño en sus reivindicaciones, en su huelga y en su decisión de desobedecer los servicios mínimos.

Estamos hartos de que las administraciones secuestren a la ciudadanía con la imposición de servicios mínimos abusivos y habitualmente ilegales, en un intento claro de enfrentar a la ciudadanía con los trabajadores en huelga.

Nuestros intereses ciudadanos son los intereses de los trabajadores del Metro. Ellos están luchando ahora mismo contra el recorte del estado del bienestar en el que colaboran el Gobierno de la Nación y la Comunidad de Madrid.

Todos somos trabajadores, y alguna vez, en algún momento, tendremos que recurrir a la huelga para defender nuestros derechos. Y no queremos que nos la revienten imponiendo unos servicios mínimos tan abusivos como ilegales, y en muchos casos, innecesarios.

Estamos hartos de que los servicios mínimos se utilicen para reventar huelgas y para hacer ver que las huelgas no se siguen. Estamos hartos de que la administración, en cada huelga, cometa un abuso de Ley imponiendo servicios mínimos a sabiendas de que posteriormente, y cuando el mal está hecho, los anularán los tribunales.

¡Basta ya de abusos patronales!

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