martes, 20 de abril de 2010

La ley de amnistía de 1977:Un amargo fruto, producto del “consenso” con los franquistas durante la transición lampedusiana(*)

Sil del Rio, Agrupación Republicana de Coslada-Lunes, 19 de Abril de 2010

El procesamiento al juez Garzón por su decisión de investigar las crímenes bajo la dictadura franquista, dando así la razón a las acusaciones de “prevaricación” presentadas por los herederos falangistas y los fascistas de manos “limpias”, ha traído a la palestra, el debate sobre la “transición política” y , más concretamente, la significación de la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977.Un repaso de la misma y del contexto en el que se aprobó viene a recordarnos de nuevo el carácter fraudulento y lampedusiano* del “cambio” producto de una “reconciliación nacional” entre Carrillistas y fascistas reciclados a “demócratas de ultima hora”, que equiparó a víctimas y verdugos del franquismo.

Esa Ley vino a consagrar en realidad el primer “consenso” de la transición, el del olvido y el perdón sobre el pasado de forma, además, completamente contraria a los intereses del pueblo e injusta para los miles personas asesinadas y represaliadas por el franquismo: así, si bien por un lado gracias al artículo 1 a) quedaban amnistiados “todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, implicados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día 15 de diciembre de 1976” (fecha del referéndum sobre la Ley de Reforma Política de Suárez, entronizada así como el punto de partida del “cambio” de régimen), en el artículo 2 e) se consideraba comprendidos en la amnistía “los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes de orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley” y en el 2 f) “los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas”. Se consagró de esta forma la eterna impunidad total de la dictadura y de sus crímenes a cambio de una amnistía parcial para quienes habían luchado contra el franquismo en los últimos años de la dictadura, pero sin mencionar para nada a los asesinados por Franco por luchar por la democracia(Cristino García, Grimau ,Cipriano Martos, José Humberto Baena, Ramón García Sanz, Sánchez Bravo y muchos otos miles condenados en juicios falsas que fueron simplemente olvidados y en algunos casos vilmente vilipendiados por Santiago Carrillo y cia. haciendo coro con el franquismo)

Porque es cierto que se consiguió que pudieran salir de la cárcel un buen número de presos y presas antes de la fecha mencionada (pero ya no quienes los hubieran hecho entre la misma y el 15 de junio de 1977), que volvieran otras exiliadas o deportadas a terceros países y que se adoptara una amnistía laboral. Pero ni siquiera se logró la amnistía para los militares republicanos, los de la UMD y de las organizaciones antifranquistas de soldados que se habían extendido en los últimos años y tampoco se incluyó a las personas condenadas por adulterio, aborto, uso de anticonceptivos y homosexualidad. Han hecho falta más de 30 años, por cierto, para que se cerrara esa lista.

Fue, por tanto, una Ley de “punto final”, de olvido y perdón completamente injusta, ya que, equiparando a vencedores y vencidos de la guerra civil y a franquistas y antifranquistas, permitió la supervivencia de un aparato represivo que se ha ido reproduciendo hasta nuestros días y continúa especialmente presente en el poder judicial, como estamos comprobando y han corroborado buenos conocedores del medio, entre ellos Carlos Jiménez Villarejo. Trabajos recientes como los de Alfredo Grimaldos y Mariano Sánchez Soler han venido a rememorar también que los meses y años posteriores a esa Ley fueron todo menos “pacíficos” con centenares de muertos en las calles,cuando luchaban por sacar de las cárceles a centenares de antifascistas presos .

Según recuerdan algunos historiadores posteriormente, ese pacto chanchullo entre carrillistas y franquistas “evolucionados” había sido ya diseñado desde una reunión el 11 de enero de 1977 entre los principales representantes de la “oposición democrática antifranquista” (léase Carrillo F. Gonzales etc.) y el propio Suárez. Antes, pues, de someter a prueba hasta qué punto se podía modificar la relación de fuerzas en unos meses que fueron decisivos, Los Carrillistas estaban desbocados a ponerse en manos de la Oligarquía franquista y mostraban ya su disposición a hacer tabla rasa del pasado y a renunciar a reivindicar justicia por los crímenes de la guerra civil y la dictadura. Y, en efecto, pese a que los resultados de las elecciones de junio de 1977 fueron más lejos de las previsiones de los reformistas franquistas, y salvo excepciones en el Congreso y en el Senado, todos los demás grupos mostraron su voluntad de alcanzar una “amnistía de todos y para todos”. En la proposición del grupo del PCE, por ejemplo, se postulaba la necesidad de “superar definitivamente la división de los ciudadanos españoles en vencedores y vencidos de la guerra civil”. Los nacionalistas del PNV y los pujolistas catalanes pidieron afrontar la nueva etapa “con olvido y superación de todo agravio pretérito”, fórmula recogida por el PSOE. Sólo el grupo de Alianza Popular mostraría reticencias que se irían suavizando hasta llevarle a no votar en contra de la Ley. Durante ese debate el PCE mostró, además, su protagonismo reivindicando su política de “reconciliación nacional” adoptada en 1956 y apostando abiertamente por el olvido y el perdón, llegando el entonces Secretario General de ese partido, Santiago Carrillo, a declarar en un mitin: “Queremos hacer cruz y raya sobre la guerra civil de una vez para siempre” (El País, 2/10/1977).

Esta claudicación del PCE durante la “transición” y antes ha dejado por desgracia para el movimiento obrero y popular una pesada losa sobre sus hombros de manera que muchos honrados militantes obreros no entienden donde están los principios y donde están los elementos negociables.Se claudicó de todo: se claudico de la República y de sus símbolos, se claudicó de la lucha sindical y sobre todo sw claudico de revindicar la lucha de todos los antifascistas asesinados por el franquismo .Un crimen más de Carrillo y sus adatares, a el que de todo le importa un bledo y el que dice que la izquierda está hecha una braga (según sus propias declaraciones este mes de Abril). A que grado de degeneración y cinismo ha llegado este individuo, para decir que la consigna “España mañana será republicana”,es correcta ,pero que sea para mañana.¿ Pretende esta momia viviente prestar sus últimos servicios a la monarquía continuista del franquismo?.Poco da de si la cosa a estas alturas. Sr. Carrillo usted pasará a la historia como uno de los mayores traidores a la causa del comunismo y los intereses del pueblo español. Ya nos ha dicho, que eso le importa un bledo, pero por decir que no quede, digo yo tambien.

En resumen, la Ley de Amnistía fue uno de los frutos más amargos de la transición –y de la política de “reconciliación nacional”— que, como hemos visto, sigue gozando de buena salud y todavía se utiliza para impedir que crímenes de lesa humanidad imprescriptibles puedan juzgarse hoy.

A pesar de todo lo ocurrido, la lucha republicana y antifascista arrecia y se fortalece. Se desarrolla la unidad entre los grupos republicanos tanto ideológicamente como orgánicamente. Afortunadamente para la causa popular, en el seno del propio PCE muchos antiguos, pero sobre todo jóvenes han vuelto a levantar la bandera de la lucha republicana arriada por Carrillo, lo cual es también un gran motivo de esperanza para los pueblos de España. Una muestra palpable de esto es el comunicado conjunto para este 14/04/2010 Abril de dos organizaciones republicanas de ámbito estatal La Plataforma de Ciudadanos por la República y La Unidad Cívica por la República.

¡Respondamos a las agresiones del Fascismo!

¡Movilicémonos contra el proceso a Garzón!

(*)Lampedusiana . Hace referencia a la novela El Gatopardo del escritor italiano G. T. Lampedusa. En dicha novela se narra los retoque de fabada que dieron al sistema feudal en esa zona de Italia los nobles terratenientes, para no cambiar nada esencial en el sistema de dominación de clase.

Fuente: Agrupación Republicana de Coslada

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